domingo, 25 de abril de 2010

A una amorosa de brazos tercos

Hoy el mundo ha perdido una mujer
de constelaciones en la espalda y pies precisos
una mujer que con las yemas te abría la piel
y se aferraba a tus entrañas
y se te enredana en los huesos
y te usaba de refugio contra el tiempo

hoy el mundo y yo hemos perdido una mujer
de vértigo en los dientes, de nariz diminuta
de ideas como granizo en el desierto
una amorosa de brazos tercos

hoy yo he perdido una mujer
a la que pude tocarle los pies
y unirle los lunares con palabras

era una mujer verde, azul
con mil colores en la lengua
era, porque ya no es
era, porque se vistió de blanco.

miércoles, 7 de abril de 2010

Todos tus cabellos secos

Anoche volví a extrañarte, pero hice una mueca y seguí como si nada, como si no te sintiera siendo un hueco sin fondo en la suela de mi bota, como si no me estuviera pudriendo por no quemar toda mi poesía y aquellos cuentos que sólo escribí para que desayunaras. Anoche volví a arrancarme del olvido las costras verdes del ácido cardiaco que me hace buscarte en otras mujeres.

Pero eso fue anoche. Hoy todos tus cabellos secos que aún se arrastran como polvo por los rincones suicidas de mi casa, se van descuartizando para dejarse barrer cansados por haber estado muertos tanto tiempo en un lugar tan calcinado como éste, del que saben son ajenos y en donde nunca podré escribirles ningún epitafio decente.

martes, 16 de marzo de 2010

El misterioso caso del garrafón que se vació de la noche a la mañana

Sí, pasó hace semanas y todavía me anda dando vueltas por la glandulita en donde debe de producirse la noción de la lógica. Aprovechando el vehículo de una buena amiga, extendí mi brazo derecho hacia el suelo, incliné un poco el tórax y le agarré el pescuezo al garrafón de electropura vacío para ya por fin ir al oxxo e ingratamente cambiarlo por uno lleno (no me había dado cuenta que mucho más cerca había una tienda donde también vendían garrafones). Y pues que lo cambio, nos trepamos otra vez al carro y de regreso al depa por un buen cafecito michoacano y unos entrañables faros. Llegué como cavernícola con el venado cazado, lo bajé de mi hombro y lo dejé en el piso de la cocina por continuar con la tertulia. El sábado tempranito (11:00 a.m.) antes de irme al taller de literatura de Saúl Rosales, limpio cautelosamente el garrafón, le quito la tapa, el sello, y lo levanto como si fuera una momia y yo blue demon para ponerlo de cabeza sobre un armatoste feo y amarillo que me ayuda a servirme agua más fácil. Me habré tomado un vaso o dos y estuve fuera del depa por más de 12 horas. Antes de dormirme, me vuelvo a tomar uno o dos vasos, todo tranquilo. Y entonces ocurrió, el perverso suceso que aún no comprendo y que ruego alguien me explique: el domingo en la mañana el garrafón estaba completamente vacío, los 19 litros que le quedaban se habían escapado durante la noche. Anti-pistas: la casa estaba cerrada con llave y la única copia estaba adentro, conmigo, no había ninguna gota de agua derramada, ni la había habido porque al lado del armatoste porta-garrafón tenía una cartera de 30 huevos que no tenía ninguna señal de haberse mojado y sobre la superficie de la cocina aún te ensuciaba la yema del índice la tierrita lagunera de tolvaneras recientes, igual en el piso. La única respuesta sería masomenos que se hubiera evaporado, ya siendo más surrealistas, pero no me convence mucho.

Resumiendo: desaparecieron 19 litros de agua de un garrafón de la noche a la mañana; ni se tiraron, ni alguien lo vació.

Ojalá tantas cosas fueran esos 19 litros de agua... que se fueran así de fácil, pero sin tantas preguntas.

martes, 5 de enero de 2010

Muchos olotes

Sobre este viaje no sé qué decir en concreto. Fue más fácil (aunque mucho más tardado) saber qué decir sobre la estancia en la Tarahumara en semana santa. No sé si fue que no dejé fermentar tanto la experiencia como lo hice con la ida a Chihuahua, no me regresé a mi casa a meditar ni tuve muchas otras circunstancias que rodearon aquella otra vivencia. A ésta le siguieron más viajes, fiestas, amigos, familia y ahora sí conté detalles a quien me los preguntaba o no. No sé si sea la valoración de una primera y única experiencia antepuesta a la expectativa de la segunda, siempre expuesta a la comparación. Puedo al menos decir bajo esta mala costumbre de andar comparando experiencias, que Chiapas fue muy, muy diferente (comenzando por esta persona que iba, que tuvo un año con bastantes cambios de planes y planos). Diferente en todo, no sé si mejor o peor, quedan bastante ridículas aquí esas palabras. Conocí personas muy interesantes, re-conocí y desconocí a otras tantas; y los lugares ni para qué describirlos, ahí están las fotos. Nunca había visto las nubes bajo mis zapatos sin ir en un avión, nunca había usado por tanto tiempo un machete, nunca me había importado un carajo tantas cosas e importado con tanto ahínco otras con las que sinceramente mi vida seguiría siendo igual se arreglaran o no.

La primera noche que pasamos en la casa de Lorenzo, el hombre que en la comunidad nos dio techo y un cuarto que ocupaba más de la mitad de su casa, me desperté con el ruido de alguien llorando, llorando en serio, con un dolor viejo y cansado que de seguro no era físico, o tal vez sí, el llanto agudo de un cuerpo que de tanto trabajar y sufrir ya llora solo sin que el dueño le dé permiso. No sé si Lorenzo lloraba por el recuerdo de su mujer, por su pobreza material, por dolores en los huesos o por el coraje de sus 45 mártires que al parecer nadie mató; sólo sé que en la mañana sin yo decirle nada, Lorenzo de alguna forma me leyó en la cara que lo había escuchado y sólo me dijo con voz de niño que lleva muchísimo tiempo llorando: Estoy cansado. No investigué más, no supe de qué iban cargados los lamentos en Tzotzil que las hijas de Lorenzo le intentaban hacer menos dolorosos a media madrugada, no supe pero espero llegar a comprenderlo.

La última noche pasé casi una hora jugando con Sergio (5 o 6 años) a hacer figuras con olotes sobre la tierra y también a rodar de ida y venida un olote de dos que yo tenía en mis manos a dos que él tenía en las suyas (como una H a la que el puente de en medio le rueda de un extremo a otro). Todo lo vivido y lo que puedo contar sobre mis días en Cruzton, Chenalho, Chiapas, queda entre estas dos cosas, y va y viene de una a otra como el trozo de olote de mis manos a las de Sergio. Tal vez Lorenzo llegó a jugar con los restos de un maíz cuando era niño, tal vez Sergio va a tener la misma tristeza cansada a los 50. Y es muy probable, que uno con la vejez y otro con la madurez, me olviden.

Es curioso cómo vamos a una comunidad y después en las juntas de resumen decimos: falta cemento, falta higiene, falta una mejor nutrición, faltan casas limpias y decentes, faltan sonrisas de dientes sanos, falta una secundaria, faltan zapatos. Lorenzo y Sergio bien podrían ir a cualquiera de nuestras colonias y culturas modernas y decirnos: sobra cemento, sobran zapatos, sobra nutrición, faltan corazones limpios y decentes, faltan sonrisas verdaderas, falta gente que considere hermano a toda persona; pero estoy seguro que dirían sobre todo que sobran armas, nintendos, teles, teibols, bares, casinos, ipods, cafecitos… y que faltan muchos, pero muchos olotes.

Cómo quisiera hablar Tzotzil y no estar escribiendo esto en español, para que los que en verdad deben leerlo pudieran entenderlo.

Batcuum yamikotic.


domingo, 8 de noviembre de 2009

Fatalidad

Hoy
decidí desgarrarme
por esta casa que ruge
para buscar y exterminar
todo lo que a ti me recordara

curiosamente,
no encontré nada.

domingo, 19 de julio de 2009

Inventario de algunas cosas que tengo en la cabeza.

Voy a desempolvar estos brazos, que ya ni tan tercos son porque se mueven muy de vez en cuando, creo que muy en el fondo esto se debe a la desolación incurable que me causa que los jueves de fichas estén necesitando primeros auxilios. Pero bueno, prometo con la mano sobre los Poemas de Otros devolverle a estos brazos su terquedad lo antes posible.

Hay por ahí flotando en este como nivel alternativo del mundo que se llama internet (y que nunca voy a comprender hasta que alguien me explique dónde exactamente flota todo mientras nadie accede a ello. Es lo mismo que la pregunta esa trillada del triste árbol que se cae y nadie ni nada está ahí para escucharlo, no hay un órgano o aparato receptor de esas ondas, por lo cuál no tienen manera de convertirse en ruido. ¿Entonces lo que publico en este blog anda por ahí hecho partículas u ondas hasta que alguien por descuido entra a leerlo?) Decía... hay por ahí un blog que leo seguido y al que ya he hecho referencia alguna vez: Esta boca es mía. Entre la enorme diversidad de cosas magníficas que puedes encontrar en lo que publica ahí la multifacética dueña, a veces hay recopilaciones de canciones que rara vez reconozco. De ahí me surgió la idea (y a lo que voy ya por fin) de hacer mi propio baúl, pero no de canciones solamente. Aquí voy a antalogarles varias artes que me han influenciado o desinfluenciado de otras, o a fin de cuentas sólo han sido cosas que recuerdo porque a algo o alguien me recuerdan, o tuve contacto con ellas en algún momento en el que iba con alguna emoción exaltada. Ya después haré alguna que otra recopilación como se debe (los mejores cuentos, o poemas, o canciones, o etc, etc). Por ahora, como digo, esta es la desempolvada medio digna de los brazos tercos. Disfruten, no intenten comprender, sólo disfruten.


Inventario de algunas cosas que tengo en la cabeza:


1.- Benedetti, para empezar. No te salves, leído en El lado oscuro del corazón.


2.- Joaquín Sabina - Y sin embargo

3.- Waking life, película de Richard Linklater.

4.- Cien años de soledad.

5.- Dos pinturas de René Magritte: Los amantes y Nostalgia.





















































6.- El poema que le da nombre a este blog. No es nada de tu cuerpo, de Jaime Sabines.

7.- Rogelio, muy buen cortometraje de Guillermo Arriaga.

8.- Atrapa Cuervos, pintura de Leonora Carrington.




















9.- Alejandro Filio - Mujer que camina


10.- Fernando Delgadillo - Entre pairos y derivas

11.- Tintán y Rosina Pagã cantando Por que será en la película Calabacitas tiernas.

12.- La autopista del sur, cuento de Julio Cortázar.

13.- Amarte duele, película de Fernando Zariñana.

14.- En dosis diarias, obra del monero chileno Alberto Montt.




















15.- Para matar dos pájaros de un tiro: Enrique Bunbury - Aunque no sea conmigo

16.- No sé, me importa un pito, poema de Oliverio Girondo.


17.- Stand by me, interpretada desde varias partes de este mundito en la campaña Playing for a Change.


18.- Train Jumping, reportaje multimedia sobre la mortal travesía de los migrantes centroamericanos.


19.- Saturno devorando a su hijo, una de las pinturas negras de Goya.





































20.- La rana que quería se runa rana auténtica, un sabroso cuentito de Augusto Monterroso:

Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

21.- Zeitgeist.

martes, 26 de mayo de 2009

Experiencia de un ateo en la sierra Tarahumara

Durante varias semanas después de haber regresado de Rosabichi, Chihuahua, no quise relatarle casi a nadie mi experiencia; simplemente sentía que las palabras no tendrían sentido porque no podrían explicar nada si no era de una forma superficial y calculadora; además, era mi experiencia y no quería irla reinventando al hablar y hablar más sobre ella; sabía que le agregaría y le quitaría detalles y al final terminaría contándole ya a las últimas personas una versión comercial y adaptada de aquella semana, donde las minuciosidades ya no estarían tan claras ni para mí ni para ellos. Dejé al recuerdo asentarse, absorberse, solidificarse justo donde estaba y la verdad fue de lo más gratificante no contarle nada a nadie. Me sentía de lo más honesto conmigo mismo y creo que eso me ayudó a seguir aprendiendo de la experiencia, cosa que muchas veces uno deja de hacer cuando empieza a relatar el recuerdo hasta el cansancio a los que se lo piden, sin saber que nos están pidiendo trasquilarlo y discriminar momentos igual de preciados al intentar relatarles sólo los mejores por cuestiones prácticas; aparte, uno termina hablando de lo que cree que a la persona le parecerá interesante y cae en el enorme error de proyectar la experiencia con historias sobre asuntos meramente anecdóticos y banales, como que el tesgüino sabía a esto o que un señor nos contó esto otro o que me rebané un dedo cortando leña y que en las noches hacía frío. Para qué abrir la boca antes de tiempo por no tener la valentía de decir esto es mío y no te lo cuento, me fue muy bien, deberías ir y punto. Hay que aceptar que las palabras tienen sus límites cuando quieres hablar de una obra de teatro y sólo puedes describir el telón. Pero en fin, ya asentada la experiencia, intentaré hablar un poco de qué pasó en el escenario.
Comenzó el aún-no-viaje con una de las mejores lecciones de paciencia que me han dado y desde ahí me di cuenta de la calidad de personas con las que iba. Que esperaran a mi hermano como si fuera el suyo propio; que cedieran dos horas y media de su tiempo cuarenta y tantas personas sólo para esperar a alguien que no sabían si merecía o no ser esperado. Una vez, llevando a mi familia a una misa en Casa Íñigo, le señalo a mi papá a Mayo dando vueltas por el altar antes de comenzar la ceremonia y le digo: ahí está el cuate que le tuvo más paciencia a tu hijo que tú y yo juntos. Esa fue mi primera lección, que alguien fuera más paciente y tolerante que yo con mi propio hermano. Después vino el camino, alguna película pirata y un buen concierto con motivos de sobra de Sabina. Ya en Creel, después de un menudo blanco grande, un café y algunos faros, me entero que la violencia del narco también llega hasta las más recónditas comunidades tarahumaras, y por causas de una fuerza mayor en lugar de irnos mi hermano, otra chava y yo a Xerocahui, los tres nos uniríamos a un grupo chilango de cuatro mujeres y un hombre que vivirían una semana en Rosabichi, un pueblo cercano que ya no era tan tarahumara. Esperamos a los cinco hasta medio día, a veces sentados sobre las mochilas, a veces riéndonos de todos los viajeros varados a los que el tren les pasó de corrido. Tuve incluso la oportunidad de reconocer al Pato Ávila, recordándolo de la portada de un disco que en su momento desdeñé y que ahora que me interesa saber lo el hombre tiene qué decir, ya no me lo quieren prestar. Él mismo nos llevó más tarde a Rosabichi. Viajamos en la caja de su camioneta por terracería cerca de veinte minutos. Lo que mejor recuerdo del camino es que le dije a mi hermano que tenía algo en la lengua, la sacó y se le llenó de tierra. Llegamos a una comunidad algo desolada atravesando arroyos a medio secar y caminos improvisados por la costumbre. Entramos en una enrejada escuelita verde y descargamos las mochilas y la despensa que habíamos comprado en Creel. En ese momento creo que nadie tenía idea, pero algo debimos haber sentido tal vez una calma desolada o un orgullo ansioso, porque el viaje comenzó en verdad cuando los ocho escuchamos alejarse el motor de la camioneta del padre Pato.

¿Qué fue lo realmente valioso de esa semana? Les puedo decir que la gente, les puedo decir que la experiencia en sí, les puedo decir que el lugar, que las caminatas, que los amigos, que las fogatas, que cocinar con leña, que el café combate, que jugar con los niños y tejer con los ancianos. Les podría incluso decir que todo, que todo fue lo valioso, pero ustedes que también vivieron en una comunidad tarahumara por una semana saben que no es cierto, que hay muchas cosas que disgustan, que como hay satisfacciones enormes hay molestias y rocas en los zapatos. Y saben también que por más que cuenten lo vivido jamás transmitirán todo; que por más que yo cuente lo vivido, si ustedes no son diego, priscila, meche, carla, prieto, fabiola o jorge, no podrán asimilar nada de lo que yo les cuente porque ni siquiera tienen la imagen verdadera del lugar donde estuve. Lo que sí puedo y quiero decirles es que aprendí que para ser más útil en futuros proyectos como este es necesario saber o tener una idea relativa de qué es lo que la gente de la comunidad necesita y lo que están esperando de ti; no debemos esperarnos a ya estar prendiendo el primer trozo de tronco en la estufa para averiguar qué es lo que vamos a hacer en esos días, porque puede que no lleves las herramientas necesarias o no estés listo para darles eso que ellos de ti buscan. Muchos de ustedes se habrán dado cuenta que toma más de tres minutos ganarse la confianza y el verdadero aprecio de la gente (fuera de formalidades y muestras educadas de recibimiento) y que para cuando el grupo apenas comienza a trabajar exitosamente con el pueblo y a ver resultados de tantas horas de acoplamiento, ya es el séptimo día y aquella camioneta que te llevó ha venido a recogerte. Eso es lo único que se puede llegar a planear, el itinerario y algunas supuestas actividades, porque de todo lo demás no tienes ni idea y precisamente por eso vas, a descubrirte en otras condiciones y tal vez a sentirte un poco más bueno.

Soy ateo. Participé lo menos posible durante la semana en la organización de los eventos que llevaban al viacrucis, aunque hice una corona de espinas, arreglé algunas estaciones, leí en el altar y pasé un muy buen tiempo de soledad y reflexión mientras estaba casi solo a media noche en la capilla con el santísimo. La verdad es que por el respeto enorme que le tengo a las creencias religiosas de los demás, preferí no entrar a misa varias veces y mejor tratar de convencer a un chavo de mi edad de que volviera a estudiar para cumplir su sueño de ser profesor de historia, o platicar con algún niño o compartir un cigarro con algún señor y resolverle sus dudas sobre cómo tejer los ojos de dios huicholes, que con tanto empeño habían intentado perfeccionar todos esos días. Me sentía más útil ahí que dentro de la capilla sólo agachando la cabeza por respeto mientras los demás se persignaban. A Rosabichi fui a aprenderles y a darles cosas en las que creo, tal como estoy seguro que lo hicieron carla, meche y fabiola acordándose de las canciones y cantando en misa junto con las niñas, o como lo hicieron jorge y prieto oficiando las ceremonias, o como priscila regalándoles escapularios, o como diego lavándoles los pies y ayudando a construir techos.

Entonces, ¿qué me llevé en verdad? ¿qué fue lo valioso? No encontré un dios porque no lo iba buscando, no regresé sintiéndome más bueno ni mejor samaritano, no regresé creyendo más en la gente ni apreciando más la cultura tarahumara. Me di cuenta que los misioneros necesitan mucho más a las comunidades que las comunidades a los misioneros. Y si en alguno puedo resumir mi experiencia, es en estas ganas infinitas de regresar y quedarme por bastante tiempo en un lugar donde la gente es muchísimo más pobre y feliz que yo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Olor a muerto

Caritina rompió en llanto cuando entró a la cocina y sintió que el mundo otra vez estaba por oler a muerto. Calentó tres cucharadas de agua acanelada y se las untó en los ojos antes de que todo volviera a caer en el mismo espiral decadente en el que tenía décadas reincidiendo hasta el cansancio. Pateó como pudo los trozos de manzana ya café para poder encontrar el cedazo mugriento y secarse los ojos. –Esta pinche agua tenía otra cosa.- dijo tallándose los ojos con los nudillos de los índices. Abrió las puertas de la alacena para buscar alguna servilleta limpia, pero el taladrante rechinido de las bisagras le perforó la poca paciencia que le quedaba y la hizo dar un manotazo ciego sobre la madera hinchada, justo ahí donde cincuenta años atrás hubiera estado desmenuzando pollo o despellejando tomates cocidos junto al molcajete de piedra de su madre. La mano aplastó algo que crujió como cucaracha pero olió como ciruela podrida. Caritina busco de nuevo a tientas el cedazo y se lo pasó por los dedos sin lograr limpiarlos en absoluto. -¿Dónde chingados están las servilletas?- le gritó sin esperanza al remiendo de soledad añeja que le quedaba, al tiempo que las rodillas le temblaban y sus piernas cedían como dos cañas secas que la dejaban caer de sentón en el suelo grasiento. El llanto vino más fuerte y ella se lavó las palmas a medias. Extendió su brazo izquierdo sobre el suelo y comenzó a masticar el primer trozo de fruta que pudieron tocar sus dedos. Pasaron tres horas y vino el silencio. A Caritina jamás le había fallado un solo presentimiento: el mundo otra vez estaba por oler a muerto.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Quedaron tan solos

Quedaron tan solos al separarse que volvieron a estar juntos. Él no pudo resistir la soledad de sus manos y su incapacidad de cocinar sólo para uno. A ella le dio un terror inconcebible su insomnio ante el olor de un solo sudor en su almohada, (hasta ese momento jamás notó lo desértica que podía ser su cama sin él ocupando el lado más cómodo.) A los pocos días decidieron por su lado que se necesitaban. Volvieron a dormir y a cenar juntos para usarse como escudo contra esa soledad que se los estaba comiendo vivos. Siguieron atados uno al otro y continuaron llamándole “mi amor” a la costumbre.

domingo, 17 de mayo de 2009

Nos quedamos contigo


Como si la semana pasada no me hubiera sido lo suficientemente inolvidable, el domingo deja de funcionar el cuerpo de Benedetti. No sé que decir, mañana se me pasa supongo. Me pondré en estas noches a leer y releer la antología de Los espejos las sombras (1999). Se nos fue uno de los grandes, se me fue mi mayor poeta. Todos los ídolos se te van enfermando y muriendo, pero los verdaderos siempre se te quedan aferrados a la huella que te dejan como el hierro de marcar al ganado.

Eres grande Benedetti y te debo tanto que me pesa no haber sido amigo tuyo para que me doliera más tu muerte. Te quedas en los codos y las botellas al mar y los corazones coraza. Lograste tu estrategia y los demás aquí nos quedaremos, siguiéndote la estela, aunque tal vez más ciegos de lo que nos hubiera gustado, pero eso sí, jamás inmóviles al borde del camino.



Gracias Mario.


Aquí dejo un mal recorte de un pequeño homenaje del periódico local de hoy del que sólo estoy en desacuerdo con el título.

Naranjo, 2009

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.




Audio:
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=192&p=Mario%20Benedetti&t=No%20te%20salves