martes, 16 de marzo de 2010

El misterioso caso del garrafón que se vació de la noche a la mañana

Sí, pasó hace semanas y todavía me anda dando vueltas por la glandulita en donde debe de producirse la noción de la lógica. Aprovechando el vehículo de una buena amiga, extendí mi brazo derecho hacia el suelo, incliné un poco el tórax y le agarré el pescuezo al garrafón de electropura vacío para ya por fin ir al oxxo e ingratamente cambiarlo por uno lleno (no me había dado cuenta que mucho más cerca había una tienda donde también vendían garrafones). Y pues que lo cambio, nos trepamos otra vez al carro y de regreso al depa por un buen cafecito michoacano y unos entrañables faros. Llegué como cavernícola con el venado cazado, lo bajé de mi hombro y lo dejé en el piso de la cocina por continuar con la tertulia. El sábado tempranito (11:00 a.m.) antes de irme al taller de literatura de Saúl Rosales, limpio cautelosamente el garrafón, le quito la tapa, el sello, y lo levanto como si fuera una momia y yo blue demon para ponerlo de cabeza sobre un armatoste feo y amarillo que me ayuda a servirme agua más fácil. Me habré tomado un vaso o dos y estuve fuera del depa por más de 12 horas. Antes de dormirme, me vuelvo a tomar uno o dos vasos, todo tranquilo. Y entonces ocurrió, el perverso suceso que aún no comprendo y que ruego alguien me explique: el domingo en la mañana el garrafón estaba completamente vacío, los 19 litros que le quedaban se habían escapado durante la noche. Anti-pistas: la casa estaba cerrada con llave y la única copia estaba adentro, conmigo, no había ninguna gota de agua derramada, ni la había habido porque al lado del armatoste porta-garrafón tenía una cartera de 30 huevos que no tenía ninguna señal de haberse mojado y sobre la superficie de la cocina aún te ensuciaba la yema del índice la tierrita lagunera de tolvaneras recientes, igual en el piso. La única respuesta sería masomenos que se hubiera evaporado, ya siendo más surrealistas, pero no me convence mucho.

Resumiendo: desaparecieron 19 litros de agua de un garrafón de la noche a la mañana; ni se tiraron, ni alguien lo vació.

Ojalá tantas cosas fueran esos 19 litros de agua... que se fueran así de fácil, pero sin tantas preguntas.

martes, 5 de enero de 2010

Muchos olotes

Sobre este viaje no sé qué decir en concreto. Fue más fácil (aunque mucho más tardado) saber qué decir sobre la estancia en la Tarahumara en semana santa. No sé si fue que no dejé fermentar tanto la experiencia como lo hice con la ida a Chihuahua, no me regresé a mi casa a meditar ni tuve muchas otras circunstancias que rodearon aquella otra vivencia. A ésta le siguieron más viajes, fiestas, amigos, familia y ahora sí conté detalles a quien me los preguntaba o no. No sé si sea la valoración de una primera y única experiencia antepuesta a la expectativa de la segunda, siempre expuesta a la comparación. Puedo al menos decir bajo esta mala costumbre de andar comparando experiencias, que Chiapas fue muy, muy diferente (comenzando por esta persona que iba, que tuvo un año con bastantes cambios de planes y planos). Diferente en todo, no sé si mejor o peor, quedan bastante ridículas aquí esas palabras. Conocí personas muy interesantes, re-conocí y desconocí a otras tantas; y los lugares ni para qué describirlos, ahí están las fotos. Nunca había visto las nubes bajo mis zapatos sin ir en un avión, nunca había usado por tanto tiempo un machete, nunca me había importado un carajo tantas cosas e importado con tanto ahínco otras con las que sinceramente mi vida seguiría siendo igual se arreglaran o no.

La primera noche que pasamos en la casa de Lorenzo, el hombre que en la comunidad nos dio techo y un cuarto que ocupaba más de la mitad de su casa, me desperté con el ruido de alguien llorando, llorando en serio, con un dolor viejo y cansado que de seguro no era físico, o tal vez sí, el llanto agudo de un cuerpo que de tanto trabajar y sufrir ya llora solo sin que el dueño le dé permiso. No sé si Lorenzo lloraba por el recuerdo de su mujer, por su pobreza material, por dolores en los huesos o por el coraje de sus 45 mártires que al parecer nadie mató; sólo sé que en la mañana sin yo decirle nada, Lorenzo de alguna forma me leyó en la cara que lo había escuchado y sólo me dijo con voz de niño que lleva muchísimo tiempo llorando: Estoy cansado. No investigué más, no supe de qué iban cargados los lamentos en Tzotzil que las hijas de Lorenzo le intentaban hacer menos dolorosos a media madrugada, no supe pero espero llegar a comprenderlo.

La última noche pasé casi una hora jugando con Sergio (5 o 6 años) a hacer figuras con olotes sobre la tierra y también a rodar de ida y venida un olote de dos que yo tenía en mis manos a dos que él tenía en las suyas (como una H a la que el puente de en medio le rueda de un extremo a otro). Todo lo vivido y lo que puedo contar sobre mis días en Cruzton, Chenalho, Chiapas, queda entre estas dos cosas, y va y viene de una a otra como el trozo de olote de mis manos a las de Sergio. Tal vez Lorenzo llegó a jugar con los restos de un maíz cuando era niño, tal vez Sergio va a tener la misma tristeza cansada a los 50. Y es muy probable, que uno con la vejez y otro con la madurez, me olviden.

Es curioso cómo vamos a una comunidad y después en las juntas de resumen decimos: falta cemento, falta higiene, falta una mejor nutrición, faltan casas limpias y decentes, faltan sonrisas de dientes sanos, falta una secundaria, faltan zapatos. Lorenzo y Sergio bien podrían ir a cualquiera de nuestras colonias y culturas modernas y decirnos: sobra cemento, sobran zapatos, sobra nutrición, faltan corazones limpios y decentes, faltan sonrisas verdaderas, falta gente que considere hermano a toda persona; pero estoy seguro que dirían sobre todo que sobran armas, nintendos, teles, teibols, bares, casinos, ipods, cafecitos… y que faltan muchos, pero muchos olotes.

Cómo quisiera hablar Tzotzil y no estar escribiendo esto en español, para que los que en verdad deben leerlo pudieran entenderlo.

Batcuum yamikotic.


domingo, 8 de noviembre de 2009

Fatalidad

Hoy
decidí desgarrarme
por esta casa que ruge
para buscar y exterminar
todo lo que a ti me recordara

curiosamente,
no encontré nada.

domingo, 19 de julio de 2009

Inventario de algunas cosas que tengo en la cabeza.

Voy a desempolvar estos brazos, que ya ni tan tercos son porque se mueven muy de vez en cuando, creo que muy en el fondo esto se debe a la desolación incurable que me causa que los jueves de fichas estén necesitando primeros auxilios. Pero bueno, prometo con la mano sobre los Poemas de Otros devolverle a estos brazos su terquedad lo antes posible.

Hay por ahí flotando en este como nivel alternativo del mundo que se llama internet (y que nunca voy a comprender hasta que alguien me explique dónde exactamente flota todo mientras nadie accede a ello. Es lo mismo que la pregunta esa trillada del triste árbol que se cae y nadie ni nada está ahí para escucharlo, no hay un órgano o aparato receptor de esas ondas, por lo cuál no tienen manera de convertirse en ruido. ¿Entonces lo que publico en este blog anda por ahí hecho partículas u ondas hasta que alguien por descuido entra a leerlo?) Decía... hay por ahí un blog que leo seguido y al que ya he hecho referencia alguna vez: Esta boca es mía. Entre la enorme diversidad de cosas magníficas que puedes encontrar en lo que publica ahí la multifacética dueña, a veces hay recopilaciones de canciones que rara vez reconozco. De ahí me surgió la idea (y a lo que voy ya por fin) de hacer mi propio baúl, pero no de canciones solamente. Aquí voy a antalogarles varias artes que me han influenciado o desinfluenciado de otras, o a fin de cuentas sólo han sido cosas que recuerdo porque a algo o alguien me recuerdan, o tuve contacto con ellas en algún momento en el que iba con alguna emoción exaltada. Ya después haré alguna que otra recopilación como se debe (los mejores cuentos, o poemas, o canciones, o etc, etc). Por ahora, como digo, esta es la desempolvada medio digna de los brazos tercos. Disfruten, no intenten comprender, sólo disfruten.


Inventario de algunas cosas que tengo en la cabeza:


1.- Benedetti, para empezar. No te salves, leído en El lado oscuro del corazón.


2.- Joaquín Sabina - Y sin embargo

3.- Waking life, película de Richard Linklater.

4.- Cien años de soledad.

5.- Dos pinturas de René Magritte: Los amantes y Nostalgia.





















































6.- El poema que le da nombre a este blog. No es nada de tu cuerpo, de Jaime Sabines.

7.- Rogelio, muy buen cortometraje de Guillermo Arriaga.

8.- Atrapa Cuervos, pintura de Leonora Carrington.




















9.- Alejandro Filio - Mujer que camina


10.- Fernando Delgadillo - Entre pairos y derivas

11.- Tintán y Rosina Pagã cantando Por que será en la película Calabacitas tiernas.

12.- La autopista del sur, cuento de Julio Cortázar.

13.- Amarte duele, película de Fernando Zariñana.

14.- En dosis diarias, obra del monero chileno Alberto Montt.




















15.- Para matar dos pájaros de un tiro: Enrique Bunbury - Aunque no sea conmigo

16.- No sé, me importa un pito, poema de Oliverio Girondo.


17.- Stand by me, interpretada desde varias partes de este mundito en la campaña Playing for a Change.


18.- Train Jumping, reportaje multimedia sobre la mortal travesía de los migrantes centroamericanos.


19.- Saturno devorando a su hijo, una de las pinturas negras de Goya.





































20.- La rana que quería se runa rana auténtica, un sabroso cuentito de Augusto Monterroso:

Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

21.- Zeitgeist.

martes, 26 de mayo de 2009

Experiencia de un ateo en la sierra Tarahumara

Durante varias semanas después de haber regresado de Rosabichi, Chihuahua, no quise relatarle casi a nadie mi experiencia; simplemente sentía que las palabras no tendrían sentido porque no podrían explicar nada si no era de una forma superficial y calculadora; además, era mi experiencia y no quería irla reinventando al hablar y hablar más sobre ella; sabía que le agregaría y le quitaría detalles y al final terminaría contándole ya a las últimas personas una versión comercial y adaptada de aquella semana, donde las minuciosidades ya no estarían tan claras ni para mí ni para ellos. Dejé al recuerdo asentarse, absorberse, solidificarse justo donde estaba y la verdad fue de lo más gratificante no contarle nada a nadie. Me sentía de lo más honesto conmigo mismo y creo que eso me ayudó a seguir aprendiendo de la experiencia, cosa que muchas veces uno deja de hacer cuando empieza a relatar el recuerdo hasta el cansancio a los que se lo piden, sin saber que nos están pidiendo trasquilarlo y discriminar momentos igual de preciados al intentar relatarles sólo los mejores por cuestiones prácticas; aparte, uno termina hablando de lo que cree que a la persona le parecerá interesante y cae en el enorme error de proyectar la experiencia con historias sobre asuntos meramente anecdóticos y banales, como que el tesgüino sabía a esto o que un señor nos contó esto otro o que me rebané un dedo cortando leña y que en las noches hacía frío. Para qué abrir la boca antes de tiempo por no tener la valentía de decir esto es mío y no te lo cuento, me fue muy bien, deberías ir y punto. Hay que aceptar que las palabras tienen sus límites cuando quieres hablar de una obra de teatro y sólo puedes describir el telón. Pero en fin, ya asentada la experiencia, intentaré hablar un poco de qué pasó en el escenario.
Comenzó el aún-no-viaje con una de las mejores lecciones de paciencia que me han dado y desde ahí me di cuenta de la calidad de personas con las que iba. Que esperaran a mi hermano como si fuera el suyo propio; que cedieran dos horas y media de su tiempo cuarenta y tantas personas sólo para esperar a alguien que no sabían si merecía o no ser esperado. Una vez, llevando a mi familia a una misa en Casa Íñigo, le señalo a mi papá a Mayo dando vueltas por el altar antes de comenzar la ceremonia y le digo: ahí está el cuate que le tuvo más paciencia a tu hijo que tú y yo juntos. Esa fue mi primera lección, que alguien fuera más paciente y tolerante que yo con mi propio hermano. Después vino el camino, alguna película pirata y un buen concierto con motivos de sobra de Sabina. Ya en Creel, después de un menudo blanco grande, un café y algunos faros, me entero que la violencia del narco también llega hasta las más recónditas comunidades tarahumaras, y por causas de una fuerza mayor en lugar de irnos mi hermano, otra chava y yo a Xerocahui, los tres nos uniríamos a un grupo chilango de cuatro mujeres y un hombre que vivirían una semana en Rosabichi, un pueblo cercano que ya no era tan tarahumara. Esperamos a los cinco hasta medio día, a veces sentados sobre las mochilas, a veces riéndonos de todos los viajeros varados a los que el tren les pasó de corrido. Tuve incluso la oportunidad de reconocer al Pato Ávila, recordándolo de la portada de un disco que en su momento desdeñé y que ahora que me interesa saber lo el hombre tiene qué decir, ya no me lo quieren prestar. Él mismo nos llevó más tarde a Rosabichi. Viajamos en la caja de su camioneta por terracería cerca de veinte minutos. Lo que mejor recuerdo del camino es que le dije a mi hermano que tenía algo en la lengua, la sacó y se le llenó de tierra. Llegamos a una comunidad algo desolada atravesando arroyos a medio secar y caminos improvisados por la costumbre. Entramos en una enrejada escuelita verde y descargamos las mochilas y la despensa que habíamos comprado en Creel. En ese momento creo que nadie tenía idea, pero algo debimos haber sentido tal vez una calma desolada o un orgullo ansioso, porque el viaje comenzó en verdad cuando los ocho escuchamos alejarse el motor de la camioneta del padre Pato.

¿Qué fue lo realmente valioso de esa semana? Les puedo decir que la gente, les puedo decir que la experiencia en sí, les puedo decir que el lugar, que las caminatas, que los amigos, que las fogatas, que cocinar con leña, que el café combate, que jugar con los niños y tejer con los ancianos. Les podría incluso decir que todo, que todo fue lo valioso, pero ustedes que también vivieron en una comunidad tarahumara por una semana saben que no es cierto, que hay muchas cosas que disgustan, que como hay satisfacciones enormes hay molestias y rocas en los zapatos. Y saben también que por más que cuenten lo vivido jamás transmitirán todo; que por más que yo cuente lo vivido, si ustedes no son diego, priscila, meche, carla, prieto, fabiola o jorge, no podrán asimilar nada de lo que yo les cuente porque ni siquiera tienen la imagen verdadera del lugar donde estuve. Lo que sí puedo y quiero decirles es que aprendí que para ser más útil en futuros proyectos como este es necesario saber o tener una idea relativa de qué es lo que la gente de la comunidad necesita y lo que están esperando de ti; no debemos esperarnos a ya estar prendiendo el primer trozo de tronco en la estufa para averiguar qué es lo que vamos a hacer en esos días, porque puede que no lleves las herramientas necesarias o no estés listo para darles eso que ellos de ti buscan. Muchos de ustedes se habrán dado cuenta que toma más de tres minutos ganarse la confianza y el verdadero aprecio de la gente (fuera de formalidades y muestras educadas de recibimiento) y que para cuando el grupo apenas comienza a trabajar exitosamente con el pueblo y a ver resultados de tantas horas de acoplamiento, ya es el séptimo día y aquella camioneta que te llevó ha venido a recogerte. Eso es lo único que se puede llegar a planear, el itinerario y algunas supuestas actividades, porque de todo lo demás no tienes ni idea y precisamente por eso vas, a descubrirte en otras condiciones y tal vez a sentirte un poco más bueno.

Soy ateo. Participé lo menos posible durante la semana en la organización de los eventos que llevaban al viacrucis, aunque hice una corona de espinas, arreglé algunas estaciones, leí en el altar y pasé un muy buen tiempo de soledad y reflexión mientras estaba casi solo a media noche en la capilla con el santísimo. La verdad es que por el respeto enorme que le tengo a las creencias religiosas de los demás, preferí no entrar a misa varias veces y mejor tratar de convencer a un chavo de mi edad de que volviera a estudiar para cumplir su sueño de ser profesor de historia, o platicar con algún niño o compartir un cigarro con algún señor y resolverle sus dudas sobre cómo tejer los ojos de dios huicholes, que con tanto empeño habían intentado perfeccionar todos esos días. Me sentía más útil ahí que dentro de la capilla sólo agachando la cabeza por respeto mientras los demás se persignaban. A Rosabichi fui a aprenderles y a darles cosas en las que creo, tal como estoy seguro que lo hicieron carla, meche y fabiola acordándose de las canciones y cantando en misa junto con las niñas, o como lo hicieron jorge y prieto oficiando las ceremonias, o como priscila regalándoles escapularios, o como diego lavándoles los pies y ayudando a construir techos.

Entonces, ¿qué me llevé en verdad? ¿qué fue lo valioso? No encontré un dios porque no lo iba buscando, no regresé sintiéndome más bueno ni mejor samaritano, no regresé creyendo más en la gente ni apreciando más la cultura tarahumara. Me di cuenta que los misioneros necesitan mucho más a las comunidades que las comunidades a los misioneros. Y si en alguno puedo resumir mi experiencia, es en estas ganas infinitas de regresar y quedarme por bastante tiempo en un lugar donde la gente es muchísimo más pobre y feliz que yo.

viernes, 22 de mayo de 2009

Olor a muerto

Caritina rompió en llanto cuando entró a la cocina y sintió que el mundo otra vez estaba por oler a muerto. Calentó tres cucharadas de agua acanelada y se las untó en los ojos antes de que todo volviera a caer en el mismo espiral decadente en el que tenía décadas reincidiendo hasta el cansancio. Pateó como pudo los trozos de manzana ya café para poder encontrar el cedazo mugriento y secarse los ojos. –Esta pinche agua tenía otra cosa.- dijo tallándose los ojos con los nudillos de los índices. Abrió las puertas de la alacena para buscar alguna servilleta limpia, pero el taladrante rechinido de las bisagras le perforó la poca paciencia que le quedaba y la hizo dar un manotazo ciego sobre la madera hinchada, justo ahí donde cincuenta años atrás hubiera estado desmenuzando pollo o despellejando tomates cocidos junto al molcajete de piedra de su madre. La mano aplastó algo que crujió como cucaracha pero olió como ciruela podrida. Caritina busco de nuevo a tientas el cedazo y se lo pasó por los dedos sin lograr limpiarlos en absoluto. -¿Dónde chingados están las servilletas?- le gritó sin esperanza al remiendo de soledad añeja que le quedaba, al tiempo que las rodillas le temblaban y sus piernas cedían como dos cañas secas que la dejaban caer de sentón en el suelo grasiento. El llanto vino más fuerte y ella se lavó las palmas a medias. Extendió su brazo izquierdo sobre el suelo y comenzó a masticar el primer trozo de fruta que pudieron tocar sus dedos. Pasaron tres horas y vino el silencio. A Caritina jamás le había fallado un solo presentimiento: el mundo otra vez estaba por oler a muerto.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Quedaron tan solos

Quedaron tan solos al separarse que volvieron a estar juntos. Él no pudo resistir la soledad de sus manos y su incapacidad de cocinar sólo para uno. A ella le dio un terror inconcebible su insomnio ante el olor de un solo sudor en su almohada, (hasta ese momento jamás notó lo desértica que podía ser su cama sin él ocupando el lado más cómodo.) A los pocos días decidieron por su lado que se necesitaban. Volvieron a dormir y a cenar juntos para usarse como escudo contra esa soledad que se los estaba comiendo vivos. Siguieron atados uno al otro y continuaron llamándole “mi amor” a la costumbre.

domingo, 17 de mayo de 2009

Nos quedamos contigo


Como si la semana pasada no me hubiera sido lo suficientemente inolvidable, el domingo deja de funcionar el cuerpo de Benedetti. No sé que decir, mañana se me pasa supongo. Me pondré en estas noches a leer y releer la antología de Los espejos las sombras (1999). Se nos fue uno de los grandes, se me fue mi mayor poeta. Todos los ídolos se te van enfermando y muriendo, pero los verdaderos siempre se te quedan aferrados a la huella que te dejan como el hierro de marcar al ganado.

Eres grande Benedetti y te debo tanto que me pesa no haber sido amigo tuyo para que me doliera más tu muerte. Te quedas en los codos y las botellas al mar y los corazones coraza. Lograste tu estrategia y los demás aquí nos quedaremos, siguiéndote la estela, aunque tal vez más ciegos de lo que nos hubiera gustado, pero eso sí, jamás inmóviles al borde del camino.



Gracias Mario.


Aquí dejo un mal recorte de un pequeño homenaje del periódico local de hoy del que sólo estoy en desacuerdo con el título.

Naranjo, 2009

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.




Audio:
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=192&p=Mario%20Benedetti&t=No%20te%20salves

domingo, 26 de abril de 2009

A donde sea: Rosabichi, Cerocahui o a donde vendan café combate.

Tuvo que pasar algún tiempo. Ya son tres semanas desde que llegué un viernes en la noche a la ibero después de una hora de presiones y tardanzas y enojos y apúralequenollegos. No tenía idea de lo que iba a pasarme. Yo sólo sabía que iba a estar por una semana en una comunidad tarahumara con mi hermano y una tal priscila con la que había hablado poco, a lo mucho sobre los materiales para las actividades que les ibamos a poner a la gente del poblado. Al poco tiempo se me pasó el coraje que me hizo pasar mi hermano por haber hecho que el resto de los 40 y tantos misioneros se esperaran dos horas a que él llegara desde monterrey. Me dió también coraje cuando nos dijeron que nos iban a cambiar de comunidad porque en dónde ibamos a ir había habido balazos, y en vez de ir los 3 a Cerocahui nos ibamos a reunir con 4 chavas y 1 cuate del DF en Rosabichi, una comunidad mestiza por ahí cerca de Creel. Primera alteración completa de los planes. Ya no necesitaba imprimir una lista de las palabras y frases útiles en rarámuri, ahí todos hablaban español, no había necesidad.

Le leí una vez a una compañera bloguera (Jacka K, http://estabocamia.blogspot.com/) que el error más recurrente de los humanos es que casi siempre pensamos que las cosas van a salir como las estamos planeando. Nunca, jamás; bueno, rara vez. Y sobra explicar esta frase porque cada quién la comprenderá a su manera. Por mi parte soy muy dado a crearme imágenes mentales y hasta situaciones premonitorias. Ese futuro recuerdo se tiene que llenar mientras tanto con predicciones o suposiciones que de cierta forma te ayudan a visualizarte y a caminar tropezándote un poco menos. Las caras y las imágenes de los lugares van apareciendo y los mapas se van dibujando conforme el presente comienza a llegar como un borrador enorme cuyo trabajo es quitarte todas esas premoniciones fallidas y llenarte la percepción de aquello que en ese instante se va percibiendo como realidad. Oséase que la lotería nacional supo captar una de nuestras más grandes tendencias de humanos previsores con sus comerciales de "¡ya me vi!"

De ahí en adelante todo fue adaptarse y conocer más y más. Y como todo, esa semana también fue un compendio de elementos que bastate combustible me han dado. Sobra especificar con situaciones y experiencias este recuento de aquella semana y los días que aún le están siguiendo. Sobra porque para que no les sonara ajeno (si no son Priscila, Diego, Jorge, Carla, Adriana, Fabiola o Mercedes) tendría que explicar las cosas con muchos detalles y total qué sentido tiene. Ya irán saliendo los cuentos de historias específicas.

Sólo diré que encontré algo. No fue un dios, ni una revelación vocacional, ni una apetura de ojos a otras realidades, no, todo eso se encuentra en tu misma casa; no necesitas internarte en una comunidad con gente mucho más pobre y feliz que tú para darte cuenta de que tu mundo puede o no ser y que tal vez vivías encapsulado en la concepción y aceptación de tu propia realidad. Y puede ser válido esto para todo aquel que así le haya caído la experiencia, lo que no es válido es que se caiga en una autoconformidad de consciencia por ya haber servido al bien común una semana. Habrá tenido importancia o no algo que hayas hecho durante ese tiempo, eso no lo sabrás nunca y tal vez no te toque saberlo, para qué, las vidas siguen y las caras y los nombres se pueden olvidar, y a fin de cuentas lo que un día haces no tiene más estragos que generar una cadena de eventos cuyo principio se olvida después del segundo eslabón. No, así no deben de ser las cosas, así no quiero que para mí sean. Yo no quiero quedarme aquí sentado agusto por creer que ya cumplí mi cuota de utilidad por un buen rato sólo por haberme ido a parar en una comunidad donde tuve que cocinar con leña, hacer en letrina y sufrir muy agusto por aguantarme la "incomodidad" de bañarme con agua fría y a jicarazos. Yo no quiero ser sólo un sobreviviente (Clarissa Pinkola, "Mujeres que corren con los lobos") que cree que ya por haber alcanzado un punto deseado se puede llamar exitoso y cae en el conformismo de quedarse ahí semi contento y orgulloso de lo que ha alcanzado, poniendo en un peligro terrible su desarrollo creativo posterior. No lo quiero y seguiré buscando evitarlo a toda costa.

Todo a fin de cuentas recae en el No te salves (no te quedes inmóvil al borde del camino... no te duermas sin sueño... no quieras con desgana... no reserves del mundo sólo un rincón tranquilo). No te conformes, no te acostumbres! Nunca esperes agradecimiento por nada; un paso muy grande hacia esa calma interior es dejar de esperar que nos agradezcan por lo que hacemos. Más duras enojado por una ingratitud que contento por un gracias sincero. Si te lo dan qué bueno, si no sigue caminando y ni te des cuenta, al fin que ya le pusiste más aceite a los engranes de todo este asunto. Puede ser que esa persona pensando en lo que hiciste por ella (así haya sido sostenerle la puerta del oxxo) vaya y haga algo por alguien más. ¿Tuvo pues impotancia que te dijera gracias o no? ¿Qué es lo que te molesta? ¿que no estuviera agradecida o que no te hiciera saber que lo estaba? Cuando no nos dicen gracias nos dan un golpe al ego del "altruismo." Ponte a pensar entonces, si te molesta que no te muestren agradecimiento es porque las cosas las haces para reconfortarte y sentirte bueno, sentirte el buen samaritano que ayuda y es indispensable. ¿Para qué o para quién abriste la puerta de ese oxxo entonces? Fue por ayudar. Ayudaste, ¿cuál es el problema de que no te digan gracias?

Claro que es un incentivo para seguirnos portando de esta manera. Mucha gente se crea una decepción por la falta de gratitud ante sus buenas obras del día y simplemente las reduce o deja de hacerlas, y esto es comprensible. Válido. Demuestra gratitud cada que puedes porque comúnmente la gento lo va a estar esperando; pero tú no lo hagas, no te lo recomiendo. Vivirás mucho más en calma si no esperas agradecimientos y sólo sigues actuando.

A todo esto me refiero cuando antes dije que qué sentido tiene el saber si lo que hemos hecho le fue útil a alguien o no, o si dejamos más de lo que nos llevamos. Es un cuestionamiento exitencialista que siempre podemos tener. ¿Cuál fue mi huella, que he dejado en este mundo? La verdad, qué te importa. Es una necedad preguntárselo porque nunca vamos a saber a ciencia cierta qué beneficios o incomodidades le hemos dado a alguien. Ese escritor o músico que tanto te ha influenciado realmente da igual si sabe o no que lo ha hecho. Ese ejemplo que tal vez le llegaste a poner a algún niño (darle un dulce, fumar enfrente de él, cederle el paso, algún consejo, una grosería, etc etc) va a ser que te recuerde siempre aunque se le olvide tu cara y al paso del tiempo te ponga cualquier otra; y tú jamás te vas a enterar. Y se puede ejemplificar con infinidad de cosas y más cosas, que te vas a morir sin saber y no puedes pasarte toda la vida preguntando qué has dejado, si hubiera sido el mundo el mismo sin ti. Jamás vas a tener idea de la grandeza o pequeñez del mapa completo de tu huella y no te quiebres la existencia por saberlo.

¿Qué queda entonces? Muévete. Si hacer el bien no es lo que te trae satisfacción, no lo hagas entonces, sólo procura no joder mucho y levantar un papel de de la calle de vez en cuando. Siempre tenemos que estar persiguiendo algo, un proyecto, una visión, un amor, pero estar persiguiendo algo. Si nos quedamos como sobrevivientes contentitos con pequeñas satisfacciones que alargamos más de lo que duran tal vez las repercusiones de su causa, nos vamos a estancar y jamás nos superaremos. Pero si eres feliz en esa estabilidad, en ese punto cómodo ¿es valido quedarse ahí? Habría que asegurarse muy muy bien de la firmeza de esa felicidad, no vaya a ser que se nos vaya a caer el castillito de arena con cualquier olita barre cangrejos.

Yo persigo varias cosas. Principalmente callarle la boca a este hipócrita que escribe (y no precisamente tapársela con esos accesorios a la michael jackson y tan anti-sabínicos que los mexicanos traemos de moda) para poder escaparme sólo o acompañado: a comprar más tela tarahumara, a volver a la cajetilla diaria de faros, a tallar más figuras de ocote y volver a rajarme el dedo, a las fogatas, a caminar otra vez 4 horas entre la sierra para llegar a un lago, a cocinar con leña, a enseñarle a los viejitos a tejer ojos de dios huicholes, a tomar 5 vasos de café "combate" al día, a probar ahora sí bien el tesgüino, a volver a dormir en el piso y descubrir unos dedos heridos y mortales que ya estaban esperando a los míos.

Dije que encontré algo. O tal vez me encontraron.




A donde sea

No es que aquí no tenga nada
tengo más de lo que debiera
y sin embargo me iría contigo
a donde sea que quisieras llevarme
y sin embargo te llevaría
a donde sea que muriera por irme
todo con tal de que nunca
nos alcancen el paso los hubieras.








domingo, 29 de marzo de 2009

Ayer oriné junto al alcalde.

Ayer oriné junto al alcalde. Coincidimos en el migitorio de un bar irlandés a mediados del segundo tiempo del juego de méxico. Estuve a una nada de brincarme mi sensatez y orinarle sus tristes zapatos. Pudo haber sido la mejor opinión que alguien le haya dado sobre su presidencia. Pero no lo hice. Me subí el cierre y no lo hice. Carajo.